La minería que utiliza mercurio genera no solo daños en ríos y
afluentes, sino que es nociva para la salud. La idea es eliminarlo y que no
vaya a atmósfera de municipios. FOTOS MANUEL SALDARRIAGA
El grado de dificultad y
la magnitud del reto, no diluye el sueño de acabar con un flagelo que está
extinguiendo los recursos naturales y matando a la gente. La utilización del
mercurio en la minería tiene que desaparecer. Incluso, así lo determina la Ley colombiana.
Pero no han sido
suficientes los controles de las autoridades. La extracción de oro utilizando
el peligroso metal persiste en el Bajo Cauca, Nordeste y en el municipio de
Buriticá, aseguran las autoridades.
Antioquia es caldo de
cultivo para esa práctica, devastadora de la naturaleza y nociva a la salud.
Por eso, la Agencia de Cooperación de Estados Unidos (Usaid) se dio al reto de
intervenir esas zonas antioqueñas y otras del Chocó, no solo para concientizar
sobre la explotación del mineral, sino formalizar y capacitar, con tecnología,
la actividad.
Inicialmente la meta
planteada fue intervenir 220 unidades, detectadas en este departamento. Hoy,
tras un año de trabajo en las zonas se reporta avances en 150 minas.
La apuesta es compleja,
dijo a EL COLOMBIANO, Miguel Molano, subdirector Programa Oro Legal de Usaid.
Sin embargo, concretó que el impacto en las comunidades ya se percibe y es
positivo.
¿En qué consiste esta idea
de trabajar contra el uso del mercurio en la minería?
“El programa tiene un
interés en eliminar, por los menos, 50 toneladas de mercurio en Antioquia y
Chocó. Se llama Oro Legal, está financiado por la Agencia de Cooperación de
Estados Unidos (Usaid) con un presupuesto de 20 millones de dólares para cinco
años de ejecución.
El trabajo tiene que ver,
primero, con dejar de utilizar mercurio, y eso tiene que ver con un mayor
número de minas legales e informales. Este programa apoya directamente a
pequeños mineros que estén en disposición e interés de legalizarse. No todos
los mineros tienen ese interés”.
¿Y qué regiones de
Antioquia intervienen por la gravedad de la problemática?
“Estamos en Antioquia, en
las subregiones de Bajo Cauca y Nordeste y el municipio de Buriticá, además de
otras 10 poblaciones del Chocó. entre las dos zonas el programa trabaja entre
el 80 por ciento y 85 por ciento de la producción de oro en Colombia.
El programa apoya grupos
de pequeños mineros situados en la zona de intervención, dependiendo cuál sea
su estado, si están en una zona libre que no tiene título minero o si están en
un área titulada, se hace el acercamiento ya sea con el gobierno nacional o las
empresas mineras para lograr un acuerdo y que se puedan legalizar, que tengan
un derecho minero para poder explotar minerales.
Pero, ¿cómo lograr resultados
con tanta informalidad?
“En la medida que una
empresa es legal debería empezar a formalizarse, y el programa apoya con
asistencia técnica para hacerlo. Cuando es formal, se supone que está bajo la
lupa o el seguimiento permanente de las entidades del Estado, en el caso de
Antioquia Corantioquia.
Para cumplir con las
normas ambientales, en Colombia definitivamente el proceso de beneficio de oro
tiene que estar cero de mercurio. Por eso es que para el programa eliminar el
mercurio está directamente relacionado con legalizar y formalizar unidades de
producción minera.
En la medida en que más
minas se legalicen, menos mercurio se utiliza. Entonces aspiramos a que 220
unidades de producción minera eliminen 50 toneladas de mercurio
definitivamente, quiere decir que ya no lo van a utilizar para amalgamar el
mineral y beneficiar el oro. Quiere decir que no van a vertir o se van a vertir
menos toneladas de mercurio a los ríos y fuentes de agua”.
¿Cómo se evidencia la
presencia de mercurio?
“Es un mercurio que después
de formalizado y legalizado, no debería seguirse utilizando en la cadena de
valor del oro en esas dos zonas del país.
Ahora hay un mercurio que
por más que el programa sea exitoso y logre estar en 220 minas, no se va a
poder eliminar. Hay demasiados mineros que por cultura, por afán, por tercos
utilizan y seguirán utilizando mercurio. Ese mercurio sigue llegando a los
cascos urbanos, amalgamado con oro, se vende, se quema.
Y, ¿cómo evitarán ustedes
que eso siga sucediendo?
“Lo que el programa
pretende es trabajar con algunas universidades, los quemaderos y compras de oro
para que el mercurio gaseoso sea menos y la recuperación del mercurio sea más.
Entonces podemos evitarlo o eliminarlo de la cadena de valor para que no que
siga llegando a los cascos urbanos.
Lo que planteamos es
trabajar con las compras de oro con asesoría y apoyo permanente de las
universidades de la zona para que los sistemas de recuperación de mercurio,
después de la quema, sean más eficientes, se reduzcan por lo menos el 30 % de
las emisiones gaseosas, eso quiere decir que la concentración tenderá a bajar
en proporción igual o mayor a la reducción en la fuente que estamos haciendo y
eso debe golpear contra las mediciones de mercurio que tenemos para las zonas”.
¿Eso quiere decir que de
todas maneras el mercurio llegará a las poblaciones?
“El programa trabaja con
un grupo de minas que tiene posibilidades de legalización, pero no toda la
gente que hace minería en Colombia podría legalizarse por diferentes razones
(porque están en áreas subtituladas o de alta fragilidad ambiental, o porque no
les interesa). Esa gente, tiene un alto porcentaje de posibilidad de seguir
utilizando mercurio y ese mercurio seguirá llegando a las áreas, seguirá
quemándose para sacar el oro y separarlo después de amalgamarlo en el
beneficio”.
¿Y qué pasa entonces con
ese oro al que no se le recupera el mercurio?
“Del 80 % de ese mercurio
gaseoso se recupera apenas el 20 % del mercurio. Es decir, de cada kilo, 800
gramos se vuelven gaseosos y un 20 % se recuperan del mercurio limpio.
Lo que el programa
pretende es trabajar con las compras de oro, hacer algunos ajustes tecnológicos
propuestos por las universidades locales con base en algunas experiencias
internacionales para mejorar los equipos de recuperación que son básicamente
filtros, zonas de enfriamiento, porque el mercurio usa unos sistemas de
expansión que lo condensa o se vuelve líquido”.
¿Cuánto mercurio
recuperarían en años siguientes?
“Se aspira a recuperar,
por lo menos, un 30 % adicional, es decir, que a la atmósfera se vaya menos del
50 % del mercurio que se está quemado. La idea sería cero mercurio, pero no es
real pensar en esto”.
¿Qué complejidad han
encontrado en el trabajo?
“En Colombia y todos los
países mineros o que tienen un porcentaje de minería informal tan alto, hay
muchos ejemplos donde el mercurio sigue llegando o se sigue utilizando, porque
es un sistema de beneficio económico”.
¿Cuál es el avance del
trabajo en esas 220 unidades?
“La legalización no es un
proceso fácil, sin embargo el programa en el año de implementación que lleva,
ha estado trabajando con 150 unidades de producción minera de las cuales
creemos que se van a a legalizar 80 o 90 el primer año y seguiremos trabajando
en identificación de nuevas minas”.
¿Cómo han visto las
grandes empresas su trabajo?
“Para poder legalizar
mineros, definitivamente tenemos que trabajar con empresas mineras y titulares
grandes, porque la mayoría del oro sale de zonas tituladas no necesariamente
explotada por el titular.
Entonces, hay que hacer
acuerdos con los titulares mineros para permitir la formalización del pequeño
minero.
Avanzamos bien y tenemos
buena disposición de los grandes titulares, empresas y por otro lado de algunos
mineros para legalizarse”.
¿Cuánto representa para
Antioquia el total de minas con mercurio identificadas por ustedes?
“Es un reto, 220 minas
puede ser un número importante de las ilegales de Colombia que tienen
posibilidades de legalización, posiblemente hay muchas, pero no todas son
legalizables.
Aspiramos legalizar en
Antioquia unas 140 unidades de producción minera, aunque no sabemos qué hay
fuera del Nordeste y Bajo Cauca, pero de las legalizables puede ser el 60%.
Porque puede haber 1.000, pero no todas tienen posibilidad de legalización”.
¿Han encontrado
resistencia en los mineros? ¿Qué pierden ellos?
“Económicamente no pierde
mucho. El costo de la ilegalidad puede ser más alto que la formalidad y
legalidad. El proceso no es sencillo: lleva tiempo, paciencia y una inversión
previa. El programa ayuda con gran parte de esa inversión, pero puede haber una
mala lectura, de algunas personas en cuanto a los costos que implica cumplir
con toda la legislación ambiental y laboral.
La gente tiene que empezar
a percibir los beneficios. Y puede que le cueste más la onza de oro, pero es
una onza que puede sacar tranquilamente. Eso en costos de operación se traduce
en mayor beneficio económico”.
¿Qué gana el país con la
reducción de mercurio?
“A corto plazo es un
impacto en la salud y el ambiente difícil de medir, pero a largo plazo se verá
reflejado en el sistema de salud. Mucha gente que hoy en día pude ser afectada
por la utilización de mercurio, contacto ya sea gaseoso o líquido, gente que no
está vinculada al sistema contributivo, sino al régimen subsidiado, será un
costo alto para el Estado, algo que aún no se puede calcular. Eso debería ser
algo que no se atienda a futuro, sino prevenirlo.
Fuente: http://www.elcolombiano.com/

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